Yo me hallaba ante un examen. Concretamente, de Ciencias Sociales. Bien. No, mal.
El día anterior los Reyes Católicos eran la única preocupación que tenía yo en mi vida. Soñé con ellos, mirad hasta que punto llegué. Despertaba yo a la mañana siguiente, cuando vi los apuntes y el libro de Sociales, y todo empezó.
Digamos que los nervios son miedo, miedo a no saber. Miedo a hacerlo mal. Miedo de tí mismo. Después de un estudio sobre los nervios, que me hizo razonar, descubrí que hay un proceso. Si, un proceso.
Creo que es más fácil explicarlo con otro ejemplo. Un concierto. Así mejor.
En realidad, los nervios son como gusanos en el cuerpo. Todo empieza así.
En casa ensayando tu pieza, tus nervios crecen. Crece tu miedo a hacerlo mal. Mientras en el coche intentas respirar hondo, los nervios te comen el estómago. Cómo una manzana, hasta alcanzar la semilla. Hasta que llegas al auditorio, entre las prisas y demás, el nervio ha crecido tanto que empieza a dolerte una parte de la tripa. Esta sensación se llama flato. Tu respiras, como persona tranquila que eres, pero no, el nervio sigue creciendo. Cuando esperas tu turno ya en el auditorio, el nervio explota de lo grande que es. Llamado sensación de ir al baño. Pero, ojo, es una alarma falsa, no vayais al baño. El nervio alcanza una temperatura que te calienta de forma agobiante. Cuando es tu turno, te levantas con tu orgullo y tu nervio, y caminas hacia el piano. El nervio empieza a jugarte una mala pasada, pero tu sigue caminando.
AVISO IMPORTANTE: El nervio no se extingue hasta que termines de tocar.
El nervio funciona así. Ese es el proceso.
Sin nervio no habría miedo.
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